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jueves, 31 de enero de 2013

La crítica: LINCOLN



   Steven Spielberg vuelve a la guerra civil tras caballo de batalla. En esta incursión en el histórico drama americano se centra en la figura del presidente mas famoso y querido de los Estados Unidos, me refiero sin duda a Abraham Lincoln. Estamos pues ante un biopic, distinto al habitual, que estaría centrado en la vida completa del presidente. Aquí Spielberg opta por centrarse en la erradicación de la esclavitud. Podríamos pensar que el director nos mostraría de paso grandes batallas llenas de extras y efectos digitales. Pues no. El director de E.T.  realiza una obra intimista sin grandes alardes escénicos, casi como si de una obra de teatro se tratara.
Nos encontramos pues con una película de actores. Liam Neeson fue siempre la primera opción de Spielberg para encarnar al protagonista, pero tras diez años de continuos retrasos en la producción, Neeson decidió auto descalificarse y emitió un comunicado por el cual declaraba al director que ya no estaba disponible para encarnar al mítico presidente.
  Y aquí entra en escena Daniel Day-Lewis. Sin duda hemos salido ganando con el cambio. Lewis dota al personaje de una humanidad que dudo mucho que nadie hubiera podido igualar, y no es desmerecer a Neeson sino darle a Lewis lo que le corresponde.
 Recomiendo encarecidamente el visionado de la cinta en versión original, ya que el doblaje no hace justicia al trabajo de Daniel Day-Lewis o de un irreconocible James Spader, y sobre todo el magistral trabajo del señor Tommy Lee Jones.
 Sally Field tiene un papel un poco complicado, dar vida a la atormentada esposa de Lincoln, que está bastante desequilibrada por la muerte de uno de sus hijos. El hijo mayor lo interpreta un magnífico Joseph Gordon-Levitt, que dota al personaje de una credibilidad inusitada en un actor de su edad.
 Volviendo con Tommy Lee Jones, hay que reconocer que han hecho un papel ha su medida, un político gruñón de moral inquebrantable (con sorpresa final incluida).
 Toda la película es un poema de amor hacia la figura de este presidente hasta casi convertirlo en un dios, un dios que para conseguir un fin mayor (erradicar la esclavitud) no dudará en comprar votos e incluso mentir al parlamento.
 Spielberg no deja de asombrarnos, si bien en Caballo de Batalla, se recreaba en paisajes preciosistas, en esta la carga política es tal, que apenas hay estertores. Durante la primera media hora a veces uno tiene la sensación de perderse entre tanto contenido...pero pronto ves de que va esto, esto va de dos cosas:
 Las personas que son iguales a tras personas son iguales entre sí.
 Y la otra es lo que es aprendido, aprendido está. (Esto tiene que ver mucho con que cuando uno pasa toda la vida dando por bueno que los negros son una raza inferior que ha nacido para servir a los blancos, es muy pero que muy difícil cambiar esa mentalidad).
Le doy un nueve, no tiene el diez porque la primera media hora es demasiado lenta y densa.